jueves, 11 de diciembre de 2014

Horas perdidas

Calmaron sus ánimos, Daimon, paso a paso, iba recobrando la consciencia, o perdiéndola, ya no se sabe. Ellas le rodeaban como a un moribundo en su lecho de muerte, pero reposaban en paz porque sabían que  pronto estaría de vuelta.

- Si le devolviesen un minuto por cada hora que pierde, el futuro sería suyo-dijo Lucía, al pensar en todo lo que machacó y maltrató su cuerpo y su alma para alcanzar algo que desconocía si era real.

-¿Estar destinado a ser dueño y señor de lo que te lleva a perder el control? Se me escapa tu sutileza, bastante contradictoria, por cierto-le contestó ella con un suave tono.

-Vivir es contradictorio ¿Por qué eso no?

-Solo digo que si tuviese fuerza de voluntad nuestro Daimon, ahora mismo estaría de pie y no ahí llorando con los ojos cerrados.

-La fuerza de voluntad solo suele servir para hacerte perseverar en los errores-dijo Daimon con tediosa voz al escucharle.

-Nada de esto va a traer a Elías de vuelta-dijo Lucía con lacrimosas pupilas.

                                   -¿De vuelta? ¿Es que acaso pertenecemos a este mundo?                                                    Nuestra estancia aquí es tan corta, tan caótica que, por su breve                                            duración, debería quedarnos    claro que esto es una escala entre los                                     muchos viajes que nos aguardan- respondió Eurídice.

viernes, 21 de noviembre de 2014

El juicio del alma

No se puede juzgar el alma, de eso solo se encarga Osiris. Si es cierto que nuestro corazón ha de pesar lo mismo que la pluma de La Verdad, estamos condenados antes incluso de ver la luz por primera vez. Quitad las artificiales leyes escritas en perentorio papel y tendréis a la humanidad en estado puro.  Todo pende de un hilo, somos la única especie que necesita escribir las leyes para no acabar auto-destruyéndose. ¿Y si fuimos educados para destruirnos a nosotros mismos? ¿Y si eso que contiene la catástrofe es el tubo que te inyecta aire para mantenerte vivo artificialmente cuando ya no eres más que un ser inerte?
Le señaló la dirección de la casa de Daimon, donde estaría Elías, y caminó hacia donde le había indicado.
-¿Por qué le has matado?-preguntó la hermana de Eurídie.
-Creí que matándole yo resucitaría, pero no, nada de eso…Resucité, como Lázaro, y como Lázaro sigo oliendo a muerto-dijo el hombre sin echar la vista atrás.

-Aunque ya duele un poco menos-añadió. 

domingo, 19 de octubre de 2014

Ahora le da por existir

Somos una generación experta en el arte de sufrir. La generación perdida empezó con Adán y Eva. Nosotros somos las consecuencias. La tristeza y la desolación encuentran cobijo en nosotros, tienen espacio de sobra en este gran vacío nuestro.  No dejaremos un bonito cadáver, dejaremos destrucción y ruina, nuestras cenizas en el cenicero y como cenicero usaremos el cráneo de los mayores profetas.  Vivir está de moda. Ya es hora de cambiar, ya es hora de variar. Los viejos siempre dijeron a los jóvenes que ellos fueron mejores, esa es su forma de reconocer el fracaso, señalándoselo a los que acaban de venir, a los que nunca lo pidieron, los que nunca dieron gracias a Dios por existir.  De todas formas, lo de dar las gracias está más que sobre valorado. Alguien se deja el pellejo por ti y tú le das las gracias. ¿No es una manera muy ruin de devolver un favor, con dos palabras de mierda? Somos el peor de los hijos para la mejor de las madres.  


domingo, 14 de septiembre de 2014

Último cigarro

La chica dio el paso y se acercó ofreciéndole un cigarro, el cual él rechazó. Apoyó los brazos en el barrote del balcón, aspiró mirando las luces de los semáforos parpadeando a lo lejos y dijo desbordado por la melancolía y la  dulzura:

-Si algún día puedo comprarme un paraíso, les reservaré un sitio a los que estuvieron en las noches tristes.

-Entonces tampoco tendrás que reservar mucho sitio.-le dijo ella


-Ya, pero bueno no importa, si te digo la verdad, no sé qué haría en ese paraíso, aunque igualmente acabaría destrozándolo.-respondió él


viernes, 12 de septiembre de 2014

El arte de tocar fondo: "Necesito un tiempo"

Los problemas venían siempre, pero también detrás de frases como ésta. No se fue a la mierda por esas frases, las razones para las caídas están detrás del telón. Nos gusta disfrazar las razones para sentirnos menos culpables. Quien dice “necesito un tiempo” porque directamente no se atreve a mandarte a la mierda, o el “no sabía qué decir”, cuando en realidad es “me importas una mierda”. Hay que aprender a descifrar el idioma del cinismo, un idioma que se habla más que ningún otro. El engaño es el significado oculto de las palabras que salen de las bocas de los seres humanos. Es más, si no fuese por los desengaños, ¿qué sería de los poetas? Como una vez dijo Elías: “La sospecha ´provoca más odio que la verdad.” Los poetas son criaturas que se lamentan de que tantos castillos en el aire les impide volar, volar lejos, camino hacia la muerte dejando tras de sí un camino cubierto por el polvo que éstos levantan.  Las cosas se joden porque ese es el ciclo, naces, das esperanzas a tus padres de que serás alguien a quien aplauden por la calle, creces,  a tus padres se les empiezan a ir las esperanzas, cumples unos cuantos más, y ya todo acaba, y así, y así … Pareciera que hemos nacido para sufrir, quién sabe, quién sabe el plan que ideó la macabra mente del Creador. Este Creador nos metió en su juego, haciéndonos creer que las coronas te elevan, cuando en realidad te encorvan.  Todo lo que sube está condenado a bajar, al igual que nada está curado hasta que deja de doler. Nos dio sueños, nos dio esperanza, y después nos dio todo lo que nos quitaba estos pocos dones. Preferiría a los dioses paganos, al menos eran más honestos en sus intenciones. Dios escribe su guión como nosotros las cartas a una amante. Solemos empezar a escribir y ni acordarnos del porqué de la carta, nos pasa porque no somos dueños de nada, hay un plan trazado, todo toma curso por sí mismo, se nos escapa de las manos, pero eso también estaba previsto. Quizá no. Es como quien escribe un libro, puede tener una idea de lo que escribirá, pero, a la hora de la verdad, el mismo libro toma su propia vida y hace que tú le obedezcas a él.  


lunes, 8 de septiembre de 2014

El arte de tocar fondo: Fragmentos

Estaba recordando cómo sus padres le daban la tabarra apretándole para que fuese como su hermano. Su hermano llegaría alto en la vida, le decían. Él les respondía así:

-Yo no quiero llegar alto, quiero caer a lo más bajo, así, si algún día subo a lo más alto, podré decir que conocí la vida en toda su extensión. Pero vamos, prefiero caer a lo más bajo, lo bueno de estar ahí es que nadie puede hundirte aún más.  Antes que ser un mierdas como mi hermano prefiero pegarme fuego.

Sus padres no sabían que hacer con él, lo llevaron a psicólogos, hablaron con miles de profesores en sus muchas expulsiones de colegios, pero nada, nada le ayudaba, no se daban cuenta de que, justamente, lo que necesitaba era estar solo, ninguna ayuda a veces es la mejor ayuda.  Deja caer al que no quiere levantarse. Seguramente no quiere levantarse porque lo que verá le desgarrará por dentro. Su hermano nunca le había hecho  nada malo a él directamente, más bien todo su odio se debía a las constantes comparaciones que hacían sus padres. Entonces debería odiar a sus padres, no a su hermano. Las comparaciones son odiosas, dicen, pero deberíamos  odiar más a la persona que al hecho, las personas un día desaparecerán y puede que el odio desaparezca con ellas, pero los hechos se repiten una vez tras otra en el tiempo. Aunque, mirándolo así, siempre habrán cabrones dispuestos a joderte la vida, de eso nunca falta.  Parece que el mismo mundo se encarga de crear gentuza que genere odio, es como si Dios necesitase odio en el ambiente, Dios siempre es más propenso a crear odio que amor. Elías ignoraba el hecho de que su hermano, muy en el fondo, hubiese deseado ser como él. Su hermano no era ningún estúpido aunque él así lo creyese, quería ser libre como él, quería ser un desgraciado y no una futura promesa. Las futuras promesas siempre son presentes fracasos.  Elías era 2 años mayor que él, pero un abismo les separaba. 

-Un día de estos voy a matar a mi hermano-dijo de pronto Elías

-Mátate a ti mismo, que para eso sí que hacen falta cojones. Recuerdo que una vez me recitaste una frase de un tal Séneca que decía que es más digno aprender a morir que a matar.

-Sí, cierto. Respecto a lo de mi hermano.. que va, mi hermano no tiene la culpa, en todo caso la tengo yo, pero bueno, lo mismo nadie tiene culpa de nada. Epícteto dijo algo así como que el vulgar le echa la culpa a los demás, el inteligente a sí mismo y el sabio a nadie.

-Yo creo que odias a tu hermano porque no te atreves a odiar a tus padres.-le dijo Lucía


Elías no sabía qué decir, parecía haber una tocado una fibra muy sensible, quizá esa era la fibra de la razón, cuando la razón nos estrella contra la pared nos quedamos sin palabras. Tanto alcohol y demás drogas lo habían acercado tanto a la verdad que ya no podía verla desde lejos.  

lunes, 1 de septiembre de 2014

El perro y el odio:



-Yo tuve un perro que lo amaba más que a mi vida (tampoco es difícil eso) y cuando murió me hundí en el infierno. Lo que más me jodía es que la gente se lo tomaba a broma, lo que más me jodía es que la gente lo tomaba como una mascota. No era una maldita mascota, era mi amigo, mi hermano, solo que no tenía DNI. La gente que no puede amar más a un animal que a una persona me repugna,  no tienen ni puta idea de la vida.

Tanto Elías como Daimon soñaban con cambiar el mundo. “O cambiamos el mundo o él acabará con nosotros”-repetían con frecuencia. “Y si no, acabaremos con el mundo”-repetía siempre después de eso uno de ellos y estallaban en risas desesperadas.  Lo que más dolor les causaba no era la podrida sociedad en sí. Pero, no olvidemos, sociedad y suciedad sólo se diferencia por una sola letra. No, no era la sociedad, era la misma condición humana. Esta misma condición creaba esa gris y venenosa sociedad. No podrían cambiar la obra de Dios, que es esa catástrofe que es Dios. Pero sí podrían desafiarlo cambiando su rumbo. Luchar contra Dios es de locos, pero ningún cuerdo cambió jamás el mundo. Incluso se les pasó por la cabeza crear un partido político para dar guerra. Les daba igual no llegar a ningún lado, solo les daba miedo el mismo miedo al fracaso. Tener miedo al fracaso es de cobardes. Solo un cobarde no persigue sus sueños.  No sabían ni por donde empezar, lo único que sabían es dónde acabarían. Lo dejaron estar, cuando algo les viniera al pensamiento comenzarían a construir una casa por el tejado.

 ¿Qué tiene de malo construirlas por el tejado? Se van a caer igual, así que en vez de dejárselo al tiempo mejor hacerlo uno mismo.-dijo en voz alta

-Necesita mucho trabajo eso eh-dijo Lucía

-Bueno, un poco de trabajo y mucha puta suerte-respondió Elías

-Jaja, ya ves, la suerte se ríe del que se esfuerza-añadió Daimon

-La vida te acaba llevando a donde ella quiere, da igual lo que hagas. ¿Eso días tú, no, Daimon?-preguntó Lucía

-Sí, mira a todos esos que se pasan la vida currando día y noche y al final no reciben más que hostias, y luego otros subnormales que no han hecho nada por nada ni por nadie suben como el alcohol al cerebro.

-Es una pena que el mundo sea así.

-Nena, el mundo es una pena.-le respondió él

-Todo es cuestión de ponerle amor a las cosas, queridos míos.

-¿Amor? ¿Tú sabes qué es el amor? Te lo digo yo, el amor es la droga que más cara te sale en todos los sentidos.-dijo Elías


-A veces es más necesario tener a alguien que te entienda que alguien que te ame. -dijo Daimon

domingo, 31 de agosto de 2014

Fragmentos:

Nadie de la familia podía entender que alguien fuese capaz de morir por un animal, ¿pero, cuántos mueren sin haber salvado jamás una vida? La pureza de quien da su vida por un animal es igual que la de quien la da por un ser humano. En todo caso, él salvaría a cualquier animal, pero no a cualquier humano.  La noticia hizo pedazos a la familia, y, peor aún, se llenaron el corazón de arrepentimiento. Al menos murió intentando algo bello y grande. Nacemos y morimos sin hacerle ningún favor al mundo, más bien al contrario, solemos confundir dejar huella con dejar mierda.  De todas formas, llegará el día en que la haya palmado hasta el último humano de este ridículo universo  y, entonces, la memoria de lo bueno que hizo uno y el mal que hizo el otro no valdrá para nada. Todo se habrá esfumado, pero, quién sabe si hay otra vida donde te recompensan, aunque si hay que esperar a la otra vida para que te recompensen, entonces es que el que controla el mundo es un torturador, por lo tanto, mejor ni caso.  Cuando dio su vida por el perro no lo hizo para llevar a cabo una buena acción, lo hizo porque era lo único que podía hacer. El que es bueno es bueno por instinto, y no calcula fríamente antes de actuar.