Nadie de la familia podía entender que alguien fuese capaz de morir por
un animal, ¿pero, cuántos mueren sin haber salvado jamás una vida? La pureza de
quien da su vida por un animal es igual que la de quien la da por un ser
humano. En todo caso, él salvaría a cualquier animal, pero no a cualquier
humano. La noticia hizo pedazos a la
familia, y, peor aún, se llenaron el corazón de arrepentimiento. Al menos murió
intentando algo bello y grande. Nacemos y morimos sin hacerle ningún favor al
mundo, más bien al contrario, solemos confundir dejar huella con dejar mierda. De todas formas, llegará el día en que la haya
palmado hasta el último humano de este ridículo universo y, entonces, la memoria de lo bueno que hizo
uno y el mal que hizo el otro no valdrá para nada. Todo se habrá esfumado,
pero, quién sabe si hay otra vida donde te recompensan, aunque si hay que
esperar a la otra vida para que te recompensen, entonces es que el que controla
el mundo es un torturador, por lo tanto, mejor ni caso. Cuando dio su vida por el perro no lo hizo para
llevar a cabo una buena acción, lo hizo porque era lo único que podía hacer. El
que es bueno es bueno por instinto, y no calcula fríamente antes de actuar.
