¿Contenía
algo de real lo que acababa de escuchar? ¿Qué más da? Fuere lo que
fuere, lo había comprendido, ya viniese de Elías o de algún espectro
que se dedica a gastar bromas crueles. Sin duda que la broma tenía
su seriedad, y esa seriedad le sacó una sonrisa. La seriedad es una
venda contra la realidad que gusta de ser utilizada por los
mediocres, pero aquello no rociaba esa seriedad áspera y asquerosa
que suele desprender la gente, era una seriedad mortal, cercana a la
muerte, una irónica seriedad.
-¿Dónde
está Elías?-preguntó ella al recobrar por completo la conciencia.
-En
todos lados, allá donde poses la mirada, allí estaré-respondió
Sara desde el fondo de la habitación.
¿Escuchó
bien? ¿Estará o estaré? ¿Qué dijo? Es como si esa chica fuese un
puerta bidimensional que conecta el mundo de los condenados y el del
otro borde del espacio y el tiempo.Destino final. Mundo, mundo,
mundo, infausta palabra que tanto se repite. ¿De qué va a
hablar el reo que quiere escapar, sino de las barras que le oprimen?