Calmaron sus ánimos, Daimon, paso a
paso, iba recobrando la consciencia, o perdiéndola, ya no se sabe. Ellas le
rodeaban como a un moribundo en su lecho de muerte, pero reposaban en paz
porque sabían que pronto estaría de
vuelta.
- Si le devolviesen un minuto por cada hora que pierde, el
futuro sería suyo-dijo Lucía, al pensar en todo lo que machacó y maltrató su
cuerpo y su alma para alcanzar algo que desconocía si era real.
-¿Estar destinado a ser dueño y señor
de lo que te lleva a perder el control? Se me escapa tu sutileza, bastante
contradictoria, por cierto-le contestó ella con un suave tono.
-Vivir es contradictorio ¿Por qué eso
no?
-Solo digo que si tuviese fuerza de
voluntad nuestro Daimon, ahora mismo estaría de pie y no ahí llorando con los
ojos cerrados.
-La fuerza de voluntad solo suele
servir para hacerte perseverar en los errores-dijo Daimon con tediosa voz al
escucharle.
-Nada de esto va a traer a Elías de
vuelta-dijo Lucía con lacrimosas pupilas.
-¿De vuelta? ¿Es que acaso pertenecemos a este mundo? Nuestra estancia aquí es tan corta, tan caótica que, por su breve duración,
debería quedarnos claro que esto es una escala entre los muchos viajes que nos
aguardan- respondió Eurídice.