jueves, 11 de diciembre de 2014

Horas perdidas

Calmaron sus ánimos, Daimon, paso a paso, iba recobrando la consciencia, o perdiéndola, ya no se sabe. Ellas le rodeaban como a un moribundo en su lecho de muerte, pero reposaban en paz porque sabían que  pronto estaría de vuelta.

- Si le devolviesen un minuto por cada hora que pierde, el futuro sería suyo-dijo Lucía, al pensar en todo lo que machacó y maltrató su cuerpo y su alma para alcanzar algo que desconocía si era real.

-¿Estar destinado a ser dueño y señor de lo que te lleva a perder el control? Se me escapa tu sutileza, bastante contradictoria, por cierto-le contestó ella con un suave tono.

-Vivir es contradictorio ¿Por qué eso no?

-Solo digo que si tuviese fuerza de voluntad nuestro Daimon, ahora mismo estaría de pie y no ahí llorando con los ojos cerrados.

-La fuerza de voluntad solo suele servir para hacerte perseverar en los errores-dijo Daimon con tediosa voz al escucharle.

-Nada de esto va a traer a Elías de vuelta-dijo Lucía con lacrimosas pupilas.

                                   -¿De vuelta? ¿Es que acaso pertenecemos a este mundo?                                                    Nuestra estancia aquí es tan corta, tan caótica que, por su breve                                            duración, debería quedarnos    claro que esto es una escala entre los                                     muchos viajes que nos aguardan- respondió Eurídice.