No se puede juzgar el alma, de eso
solo se encarga Osiris. Si es cierto que nuestro corazón ha de pesar lo mismo
que la pluma de La Verdad, estamos condenados antes incluso de ver la luz por
primera vez. Quitad las artificiales leyes escritas en perentorio papel y
tendréis a la humanidad en estado puro. Todo pende de un hilo, somos la única especie
que necesita escribir las leyes para no acabar auto-destruyéndose. ¿Y si fuimos
educados para destruirnos a nosotros mismos? ¿Y si eso que contiene la
catástrofe es el tubo que te inyecta aire para mantenerte vivo artificialmente
cuando ya no eres más que un ser inerte?
Le señaló la dirección de la casa de Daimon,
donde estaría Elías, y caminó hacia donde le había indicado.
-¿Por qué le has matado?-preguntó la
hermana de Eurídie.
-Creí que matándole yo resucitaría,
pero no, nada de eso…Resucité, como Lázaro, y como Lázaro sigo oliendo a muerto-dijo
el hombre sin echar la vista atrás.
-Aunque ya duele un poco
menos-añadió.