viernes, 21 de noviembre de 2014

El juicio del alma

No se puede juzgar el alma, de eso solo se encarga Osiris. Si es cierto que nuestro corazón ha de pesar lo mismo que la pluma de La Verdad, estamos condenados antes incluso de ver la luz por primera vez. Quitad las artificiales leyes escritas en perentorio papel y tendréis a la humanidad en estado puro.  Todo pende de un hilo, somos la única especie que necesita escribir las leyes para no acabar auto-destruyéndose. ¿Y si fuimos educados para destruirnos a nosotros mismos? ¿Y si eso que contiene la catástrofe es el tubo que te inyecta aire para mantenerte vivo artificialmente cuando ya no eres más que un ser inerte?
Le señaló la dirección de la casa de Daimon, donde estaría Elías, y caminó hacia donde le había indicado.
-¿Por qué le has matado?-preguntó la hermana de Eurídie.
-Creí que matándole yo resucitaría, pero no, nada de eso…Resucité, como Lázaro, y como Lázaro sigo oliendo a muerto-dijo el hombre sin echar la vista atrás.

-Aunque ya duele un poco menos-añadió.