Somos
una generación experta en el arte de sufrir. La generación perdida empezó con
Adán y Eva. Nosotros somos las consecuencias. La tristeza y la desolación
encuentran cobijo en nosotros, tienen espacio de sobra en este gran vacío
nuestro. No dejaremos un bonito cadáver,
dejaremos destrucción y ruina, nuestras cenizas en el cenicero y como cenicero
usaremos el cráneo de los mayores profetas.
Vivir está de moda. Ya es hora de cambiar, ya es hora de variar. Los
viejos siempre dijeron a los jóvenes que ellos fueron mejores, esa es su forma
de reconocer el fracaso, señalándoselo a los que acaban de venir, a los que
nunca lo pidieron, los que nunca dieron gracias a Dios por existir. De todas formas, lo de dar las gracias está
más que sobre valorado. Alguien se deja el pellejo por ti y tú le das las
gracias. ¿No es una manera muy ruin de devolver un favor, con dos palabras de
mierda? Somos el peor de los hijos para la mejor de las madres.
