lunes, 1 de septiembre de 2014

El perro y el odio:



-Yo tuve un perro que lo amaba más que a mi vida (tampoco es difícil eso) y cuando murió me hundí en el infierno. Lo que más me jodía es que la gente se lo tomaba a broma, lo que más me jodía es que la gente lo tomaba como una mascota. No era una maldita mascota, era mi amigo, mi hermano, solo que no tenía DNI. La gente que no puede amar más a un animal que a una persona me repugna,  no tienen ni puta idea de la vida.

Tanto Elías como Daimon soñaban con cambiar el mundo. “O cambiamos el mundo o él acabará con nosotros”-repetían con frecuencia. “Y si no, acabaremos con el mundo”-repetía siempre después de eso uno de ellos y estallaban en risas desesperadas.  Lo que más dolor les causaba no era la podrida sociedad en sí. Pero, no olvidemos, sociedad y suciedad sólo se diferencia por una sola letra. No, no era la sociedad, era la misma condición humana. Esta misma condición creaba esa gris y venenosa sociedad. No podrían cambiar la obra de Dios, que es esa catástrofe que es Dios. Pero sí podrían desafiarlo cambiando su rumbo. Luchar contra Dios es de locos, pero ningún cuerdo cambió jamás el mundo. Incluso se les pasó por la cabeza crear un partido político para dar guerra. Les daba igual no llegar a ningún lado, solo les daba miedo el mismo miedo al fracaso. Tener miedo al fracaso es de cobardes. Solo un cobarde no persigue sus sueños.  No sabían ni por donde empezar, lo único que sabían es dónde acabarían. Lo dejaron estar, cuando algo les viniera al pensamiento comenzarían a construir una casa por el tejado.

 ¿Qué tiene de malo construirlas por el tejado? Se van a caer igual, así que en vez de dejárselo al tiempo mejor hacerlo uno mismo.-dijo en voz alta

-Necesita mucho trabajo eso eh-dijo Lucía

-Bueno, un poco de trabajo y mucha puta suerte-respondió Elías

-Jaja, ya ves, la suerte se ríe del que se esfuerza-añadió Daimon

-La vida te acaba llevando a donde ella quiere, da igual lo que hagas. ¿Eso días tú, no, Daimon?-preguntó Lucía

-Sí, mira a todos esos que se pasan la vida currando día y noche y al final no reciben más que hostias, y luego otros subnormales que no han hecho nada por nada ni por nadie suben como el alcohol al cerebro.

-Es una pena que el mundo sea así.

-Nena, el mundo es una pena.-le respondió él

-Todo es cuestión de ponerle amor a las cosas, queridos míos.

-¿Amor? ¿Tú sabes qué es el amor? Te lo digo yo, el amor es la droga que más cara te sale en todos los sentidos.-dijo Elías


-A veces es más necesario tener a alguien que te entienda que alguien que te ame. -dijo Daimon

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