-Yo tuve un perro que
lo amaba más que a mi vida (tampoco es difícil eso) y cuando murió me hundí en
el infierno. Lo que más me jodía es que la gente se lo tomaba a broma, lo que
más me jodía es que la gente lo tomaba como una mascota. No era una maldita
mascota, era mi amigo, mi hermano, solo que no tenía DNI. La gente que no puede
amar más a un animal que a una persona me repugna, no tienen ni puta idea de la vida.
Tanto Elías como
Daimon soñaban con cambiar el mundo. “O cambiamos el mundo o él acabará con
nosotros”-repetían con frecuencia. “Y si no, acabaremos con el mundo”-repetía
siempre después de eso uno de ellos y estallaban en risas desesperadas. Lo que más dolor les causaba no era la podrida
sociedad en sí. Pero, no olvidemos, sociedad y suciedad sólo se diferencia por
una sola letra. No, no era la sociedad, era la misma condición humana. Esta
misma condición creaba esa gris y venenosa sociedad. No podrían cambiar la obra
de Dios, que es esa catástrofe que es Dios. Pero sí podrían desafiarlo cambiando
su rumbo. Luchar contra Dios es de locos, pero ningún cuerdo cambió jamás el
mundo. Incluso se les pasó por la cabeza crear un partido político para dar
guerra. Les daba igual no llegar a ningún lado, solo les daba miedo el mismo
miedo al fracaso. Tener miedo al fracaso es de cobardes. Solo un cobarde no
persigue sus sueños. No sabían ni por
donde empezar, lo único que sabían es dónde acabarían. Lo dejaron estar, cuando
algo les viniera al pensamiento comenzarían a construir una casa por el tejado.
¿Qué tiene de malo construirlas por el tejado? Se van a caer igual, así que en
vez de dejárselo al tiempo mejor hacerlo uno mismo.-dijo en voz alta
-Necesita mucho trabajo
eso eh-dijo Lucía
-Bueno, un poco de
trabajo y mucha puta suerte-respondió Elías
-Jaja, ya ves, la
suerte se ríe del que se esfuerza-añadió Daimon
-La vida te acaba
llevando a donde ella quiere, da igual lo que hagas. ¿Eso días tú, no,
Daimon?-preguntó Lucía
-Sí, mira a todos
esos que se pasan la vida currando día y noche y al final no reciben más que
hostias, y luego otros subnormales que no han hecho nada por nada ni por nadie
suben como el alcohol al cerebro.
-Es una pena que el
mundo sea así.
-Nena, el mundo es
una pena.-le respondió él
-Todo es cuestión de
ponerle amor a las cosas, queridos míos.
-¿Amor? ¿Tú sabes qué
es el amor? Te lo digo yo, el amor es la droga que más cara te sale en todos
los sentidos.-dijo Elías
-A veces es más
necesario tener a alguien que te entienda que alguien que te ame. -dijo Daimon

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